El 25 de noviembre de 2020, el mundo del deporte se tambaleó ante la noticia del fallecimiento de Diego Armando Maradona. A raíz de una autopsia, se reveló que el astro argentino presentaba graves problemas de salud en sus órganos. En la actualidad, siete personas del ámbito médico están siendo juzgadas en relación a su deceso.
El doctor Alejandro Vega, especialista en medicina legal, explicó que el corazón de Maradona estaba significativamente agrandado y presentaba signos de isquemia. Su hígado, por su parte, mostraba un estado crítico, afectado por cirrosis avanzada, mientras que los riñones también evidenciaban daños crónicos.
En palabras de Vega, el exfutbolista tenía un “enorme crecimiento de la cavidad abdominal”. Por otro lado, la doctora Silvana de Piero, encargada de realizar la evaluación histopatológica, corroboró que había “alteraciones” en los riñones y que este órgano padecía de una necrosis tubular aguda.
De Piero añadió que el hígado del campeón tenía lesiones adiposas, lo que es un indicador típico de cirrosis. Un estudio más detallado de los pulmones reveló una “patología pulmonar crónica”.
Los resultados de la autopsia fueron presentados el 1 de abril de 2025 durante la séptima audiencia en el Tribunal en lo Criminal N°3 de San Isidro, en las afueras de Buenos Aires. Curiosamente, el análisis también indicó que en el momento de su muerte, Maradona no tenía rastro de alcohol ni sustancias ilegales en su organismo, lo que sorprende considerando su turbulenta vida personal.
Dicho informe no solo resalta la complejidad de la salud del goleador argentino, sino que también subraya las interrogantes sobre los cuidados médicos que recibió en sus últimos días. El legado de Maradona sigue vivo, y con cada revelación, su historia se hace aún más intrigante, manteniendo su figura en el centro de la conversación deportiva mundial.
Con información de CNN.
DCN/Agencias